CUANDO LA JUSTICIA SE NIEGA A VER LO EVIDENTE … HASTA QUE OTRA INSTANCIA PONE CORDURA.
En junio de 2024, al término de un partido del Campeonato de España de selecciones autonómicas en Valladolid, una jugadora de 16 años, capitana de su equipo, fue agredida a la salida del pabellón por el padre de otra jugadora y árbitro federado. La rodeó con el brazo por el cuello, le agarró del brazo para retenerla y le espetó:
“Ojito con lo que haces, deja de armar líos que yo tengo mucho poder en la Federación y las cosas pueden cambiar por aquí. Empieza a ejercer como capitana”.
La menor quedó en shock y posteriormente presentó sintomatología compatible con reacción aguda al estrés, diagnosticada por un psiquiatra.
Pese a la claridad del relato, el Juzgado de Instrucción nº 2 de Valladolid archivó la causa sin practicar diligencia alguna, llegando a calificar los hechos como “mera grosería” y afirmando en su resolución que, incluso si alguien le hiciera lo mismo a él (agarrarlo del cuello y brazo), no lo consideraría delito. Una afirmación que, más allá de lo insólito, equivale a blanquear conductas de violencia e intimidación sobre menores, y que transmite un mensaje social devastador: que se puede retener e increpar físicamente a un niño sin consecuencia penal alguna.
La Fiscalía, lejos de corregir esa deriva, respaldó el archivo.
Hubo que recurrir hasta la Audiencia Provincial de Valladolid, que el 19 de febrero de 2025 revocó el sobreseimiento y dio amparo a la víctima. La Audiencia ordenó que se practiquen las diligencias de investigación propuestas (declaraciones, informe forense, etc.), recordando lo elemental: que cuando se denuncia una agresión de este tipo a una menor, el deber de los tribunales es investigar, no minimizar.
Este caso refleja varias cosas:
- Lo criticable de ciertas decisiones judiciales, que, con interpretaciones formalistas o trivializadoras, desprotegen a quienes más necesitan tutela.
- La importancia de recurrir y no resignarse, porque sólo así se puede corregir una injusticia y garantizar que la víctima no quede desamparada.
En definitiva, afortunadamente la Audiencia Provincial ha puesto las cosas en su sitio y ha recordado que la justicia no puede mirar hacia otro lado cuando una menor es intimidada y agredida.
Cándido Álvarez
Abogado.