LAS CAUSAS MÁS HABITUALES DE RECLAMACIONES POR NEGLIGENCIAS MÉDICAS.
Los errores médicos más comunes y su impacto en los pacientes
Cada año aumentan en España las reclamaciones por negligencia médica, reflejo de una mayor conciencia de los derechos del paciente y de la complejidad del sistema sanitario. Sin embargo, no toda complicación implica mala praxis: sólo cuando la actuación se aparta de la lex artis ad hoc, es decir, de las buenas prácticas médicas, puede hablarse de negligencia.
Errores más frecuentes
1. Errores y retrasos en el diagnóstico.
La causa más común. Ocurre cuando no se identifican a tiempo enfermedades como cáncer, infartos, ictus o infecciones graves. Privan al paciente de una oportunidad de curación o supervivencia.
2. Negligencias durante el parto.
La falta de monitorización fetal, el retraso en practicar una cesárea o el uso indebido de fórceps o ventosas son causas habituales. Las consecuencias pueden ser gravísimas para el bebé y la madre.
3. Errores quirúrgicos o anestésicos.
Incluyen lesiones de órganos sanos, olvido de material quirúrgico o fallos en el control postoperatorio. También errores en anestesia por mala dosificación o falta de vigilancia.
4. Defecto en el consentimiento informado.
La información insuficiente o genérica vulnera el derecho del paciente a decidir con libertad. La falta de este deber genera responsabilidad incluso si la técnica médica fue correcta.
5. Infecciones hospitalarias y fallos de prevención.
Surgen cuando no se aplican protocolos de higiene y esterilización adecuados. El hospital debe probar que adoptó todas las medidas preventivas necesarias.
6. Errores en la medicación.
Dosis incorrectas, administración errónea o interacciones entre fármacos. Afectan especialmente a personas mayores y pacientes crónicos.
7. Altas médicas prematuras.
Dar el alta antes de la recuperación completa o sin realizar pruebas necesarias puede agravar la patología y generar responsabilidad por imprudencia.
8. Retrasos en la atención de urgencias.
En urgencias, los tiempos de espera o la falta de medios pueden ser determinantes. Si el retraso causa un daño evitable, se considera negligencia.
9. Errores en pruebas diagnósticas o radiológicas.
Lecturas incorrectas de radiografías, TAC o análisis clínicos pueden provocar tratamientos erróneos o tardíos.
10. Falta de coordinación entre servicios médicos.
La comunicación deficiente entre médicos o departamentos puede provocar omisiones críticas o duplicidad de tratamientos.
11. Mala praxis en cirugía estética o voluntaria.
En estas intervenciones el deber de información es más estricto. La responsabilidad suele derivarse de resultados distintos a los prometidos o de secuelas no advertidas.
12. Falta de seguimiento postoperatorio o control evolutivo.
La ausencia de revisiones tras una cirugía o tratamiento puede impedir detectar complicaciones a tiempo.
13. Errores en tratamientos oncológicos o radioterápicos.
Dosis mal calculadas de radiación o medicación citotóxica pueden generar secuelas irreversibles. Se exige máxima precisión técnica y control continuo.
14. Negligencias en urgencias pediátricas.
Retrasos en el diagnóstico de meningitis, apendicitis o infecciones graves en niños son especialmente reprochados por los tribunales.
15. Deficiente atención en residencias o centros sociosanitarios.
Omisión de cuidados, caídas sin supervisión o errores en la medicación. Aquí la responsabilidad recae en la organización y su personal.
16. Errores odontológicos y tratamientos dentales.
Extracciones, implantes o tratamientos estéticos mal realizados que provocan infecciones, lesiones o deformidades.
17. Negligencias en psiquiatría o salud mental.
Falta de vigilancia en pacientes con riesgo suicida o errores en la administración de psicofármacos pueden constituir responsabilidad profesional.
18. Retrasos en derivaciones o pérdida de informes médicos.
No remitir al especialista adecuado o extraviar pruebas que retrasan el diagnóstico puede generar daños atribuibles al centro o la Administración.
Conclusión
Las reclamaciones más habituales derivan de errores diagnósticos, quirúrgicos, obstétricos, de medicación o de coordinación médica, seguidas de defectos de información, fallos en urgencias y falta de seguimiento.
Cada caso requiere una valoración pericial rigurosa para determinar si la actuación se apartó de la lex artis y si el daño era evitable.
Identificar estas causas y prevenirlas es esencial para mejorar la seguridad del paciente y fortalecer la confianza en el sistema sanitario.
Cándido Álvarez
Abogado.